(4) ¡Youth Exchange en Bulgaria!

Mentiría si dijera que siempre he querido hacer un Youth Exchange, porque me enteré de su existencia en julio de este año 🙂 Peeeeero desde que supe lo que era me puse como loca a mandar solicitudes y ¡por fin! me dieron una plaza para el Youth Exchange “Think Green, Go Green” organizado por la ONG Focus de Pazardjik, Bulgaria.

Pazardjik

¿Pazard… qué? Eso mismo pensé yo al verlo. Es más, admito que hasta que no me hice a la idea de que iba a pasar una semana en Bulgaria no caí en la cuenta de cuán al Este estaba (la geografía nunca fue mi fuerte y Europa del Este me confunde). El caso es que aunque no es de los destinos que más suele llamar la atención, Bulgaria puede dejarte una buena impresión si le das la oportunidad (KEBAB Y BANITSA, ¿QUÉ MÁS SE PUEDE PEDIR?).

ida vuelta

Quizá lo peor fue hacer tantíiiisimo “transbordo” en los trayectos de ida y vuelta. Al vivir en una zona prácticamente incomunicada como es Altea, tuve que salir un lunes a mediodía de casa para acabar llegando el martes a eso de las 19:00 a Pazardjik. Lo bueno es que desde que llegué a Sofia encontré caras “conocidas”, por lo que el viaje se hizo un poco más ameno. No os hacéis una idea de la alegría que me dio el escuchar “¿Marta?” al subir al transfer de la T1 a la T2 en Sofia, mojada, cargada con la maleta, el paraguas medio roto, el chaquetón y después de no entender nada porque en Bulgaria todo está escrito en cirílico… Así fue como me encontré con Sara y Samuel, y juntos fuimos a la T2 a encontrarnos con Javi. Es curioso como en esas situaciones se acaba congeniando tan bien con la gente. Una cara conocida, de haberla visto en Facebook y ya está, te hace sentir como en casa cuando estás a más de 3000 kilómetros de ella. El caso es que desde que nos subimos al metro para ir a aquella estación de tren en mitad de la nada, hicimos una piña y sin duda puedo decir que la convivencia con el “Spanish Team” ha sido de lo mejor del viaje.

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El Youth Exchange tuvo lugar en el Hotel Trakia de Pazardjik y participamos grupos de 9 países: Bulgaria, Polonia, Croacia,Rumanía, Turquía, Francia, Alemania, Italia yyyy España. Cada día nos reuníamos por la mañana y por la tarde para hacer distintos juegos de get-to-know para “romper el hielo” (juegos como el de decir tu nombre, hacer un gesto y que los demás lo repitan; o pasar un globo sin utilizar los brazos sin que se caiga…). También realizamos algunas actividades al aire libre como una gymkana por los distintos puntos de interés de la ciudad o un intercambio de objetos reciclados por nosotros mismos en el taller de reciclaje creativo. ¡Hay que ver lo que dan de sí unas simples botellas de plástico! Entre todos hicimos huchas, muñecos, adornos, floreros… ¡Y a cambio conseguimos bolsas y bolsas de fruta, verdura y flores en el bazar! Sí, sí, nos daban BOLSAS LLENAS (prueba tú a ir a un mercadillo español con una botella de plástico pintada con purpurina y a ver si te dan aunque sea las gracias…). También hicimos presentaciones y un poco de investigación para conocer el estado del reciclaje, del medio ambiente y la “huella ecológica” en los distintos países de Europa.

Manualidades materiales reciclados      Actividades en la sala

Pero no todo fue trabajar 🙂 También tuvimos tiempo de hacer turismo y conocer Plovdiv, la segunda ciudad más grande de Bulgaria y la más antigua. Y con mucha más vidilla que Pazardjik, eso queda claro desde que se pone el pie en ella. Hay tiendas de souvenires, de ropa, terrazas de bares y restaurantes llenas de gente y… gatos, MUCHOS GATOS. La zona del casco antiguo es bien bonita, y junto al edificio de Correos hay un parque que tiene EL MEJOR JUEGO DE TODOS: un cacharro como con cuatro bicis enganchadas que da vueltas conforme pedaleas y en el que nos pasamos unos diez minutos tratando de coger cada vez más velocidad. BRU-TAL. Los niños búlgaros sí que saben divertirse.

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Y hablando de divertirse, ¿qué es lo mejor de los viajes? Pues comer, por supuesto. Pero este no fue el caso. La cara que se nos quedó el primer día al ver los filetes de queso frito y ultrarebozado para cenar fue de cuadro. Y es que en la cocina búlgara (o al menos en la del hotel Trakia) abundan las cosas rebozadas (lo que sea: carne, queso, PAN…), la carne, las salsas con comino y el arroz y la pasta ultrahervidos de forma que acaban pasados. Ah, y la pizza típica es con maíz, mayonesa y ketchup. Y LO LLAMAN PIZZA.
Aunque después del primer shock, la cosa fue mejorando conforme pasaban los días y he de decir que las ensaladas estaban de 10. Pero no sobrevivimos sólo a base de comida búlgara. ¡Benditas Intercultural Nights! Sin duda dejaron huella, ya fuera por asumir el reto de probar el “rakia” croata y el “palinka” rumano (si alguna vez os ofrecen alguno de los dos, HUID) o por bailar la Macarena y Paquito El Chocolatero. Cabe destacar que la nuestra fue la presentación estrella de la noche y que la sangría a base de vino del Billa nos salió bien buena y voló, al igual que el embutido de nuestra mesa.

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También aprovechamos cualquier ocasión para salir a por döner kebab autóctono (con patatas fritas dentro ❤ )y una noche incluso salimos a cenar fuera, a un restaurante como señores (lo de que 1€ = 2lev y que encima por 13 lev te puedas inflar a comer, lo llevábamos bastante bien).

A DESTACAR…
– Los viajes a Calipso a por cerveza Zagorka y helados de Snickers.
– El trayecto de ida a Pazardjik con el revisor y la clase de matemáticas.
– La noche de karaoke. Y es que a mí me pones canciones chorra y un micrófono y me vuelvo loca: Bulería, Aserejé, “Es el ritmo nuevo que traigo para tiiii”…
– La luz parpadeante del pasillo del hotel a lo peli de terror.
– La creatividad a la hora de mezclar el vodka en el karaoke-bar, donde no tenían ni fanta ni zumo ni ná.
– La suite del hotel, convertida en sede del Spanish Team y escenario de vídeos con el musical.ly y “La Bisicleta”.
– La “ducha” sin plato ni cortinas, que te permitía ducharte sentada en el váter (NO PODÍA IRME SIN PROBARLO)
– Las printzesas del puestecito de al lado del hotel.
– EL BANITSA. Si no lo habéis probado nunca, ya estáis tardando. Es un bollo de pasta filo, huevo y queso que está que te mueres y por sólo 0,30 levas.

¡Y eso fue todo!

Si alguno de los presentes/responsables del intercambio está leyendo esto, gracias por hacer que me lo pasara GENIAL durante toda la semana 🙂

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