Resumen y conclusiones de mi “año sabático” a la fuerza

Hoy hace exactamente un mes desde que me dieron el alta del área de cirugía torácica del hospital. Tres días antes, me practicaron una lobectomía en el pulmón derecho a causa de unos nódulos de origen desconocido. Ahora, con un mes más y un lóbulo menos, puedo decir bien alto y claro que me encuentro perfectamente y que toda esta experiencia me ha servido para mucho más que para evitar el riesgo de hemoptisis. He aprendido mucho durante este tiempo porque, aunque sólo haga un mes de la operación, todo esto empezó mucho antes, hace algo más de un año.

Antes de nada quiero dejar claro que en ningún momento el objetivo de este post es dar pena o pretender aportar información científica sobre el tema. Ni mucho menos.(*) Es una simple opinión, una experiencia que por “desgracia” me ha tocado vivir en primera persona y que quiero compartir. He estado pensando mucho sobre si publicar o no esta reflexión. Pero, tras darle mil vueltas, he llegado a una conclusión: ¿no consiste este blog en vivir y compartir experiencias? ¿En intentar crecer como persona y aprender de un modo no formal? Si publico una reflexión post-viaje porque considero que me ha aportado algo, ¿por qué no hacerlo también con lo que más me ha hecho madurar y crecer durante este último año?

Hay que ver qué difícil resulta a veces contestar a la pregunta “¿Y ahora qué estás haciendo?” cuando dices que ya has terminado la universidad. Y no por vergüenza o timidez sino por sentir que no tienes que dar explicaciones, acabas respondiendo algo tipo: “Pues ahí estoy, en ese ‘precipicio’, viendo qué hacer con mi vida”. Ahora que he cerrado el capítulo me siento con ganas de compartir la experiencia. Muchos ya lo sabéis pero para los que no, ahí va la explicación de qué he estado haciendo:

foto reflexión año sabático

Como ya he dicho, el 13 de junio de 2017 me practicaron una lobectomía pulmonar por toracoscopia (me extirparon el lóbulo inferior derecho) con el fin de eliminar la presencia de unos nódulos que descubrieron un año antes. Todo comenzó en mayo del año anterior, 2016, cuando después de un sábado como otro cualquiera empecé a toser nada más acostarme. Tenía una sensación similar al asma (a la que estoy más que acostumbrada) y noté sabor a sangre en la boca (cosa que no me había pasado en la vida). Obviamente, el protocolo a seguir fue ir corriendo a Urgencias. A partir de ese momento empezó mi aventura que me ha llevado por hasta tres hospitales distintos.

Sin duda alguna, lo que peor he llevado de esto ha sido la incertidumbre. Desde el primer momento se barajaron tantas opciones distintas que resultaba agobiante no saber qué era exactamente lo que me pasaba. En el segundo ingreso, el internista de turno llegó incluso a diagnosticarme bronquitis…

Desde el primer diagnóstico (broncoespasmo) al definitivo, se han barajado mil opciones distintas. Por suerte, todos los cultivos dieron resultados negativos, por lo que en otoño ya se descartaron todas las posibles enfermedades infecciosas habidas y por haber en el mundo (y no estoy exagerando). Calculo que en estos meses me han hecho unos 10 análisis de sangre, unas 20 radiografías de tórax, dos TACs, una resonancia magnética y dos broncoscopias (una de ellas con lavado, para recoger muestras). Finalmente, parece ser lo más probable es que los nódulos sólo eran pequeñas “cicatrices” que me quedaron de una neumonía que tuve de pequeña. Algo que en principio no tiene por qué resultar problemático, pero que en mi caso sí lo fue porque de la noche a la mañana (o más bien de la mañana a la noche) le dio por sangrar después de una tos fuerte.

Más allá de que la causa de la hemoptisis fuera la existencia de estas “cicatrices” en el pulmón, cada vez tengo más claro que lo que lo desencadenó fue el momento en el que todo lo que me rodeaba empezó a superarme. No lo voy a negar, mi último año de universidad fue muy duro. Se me juntaron mil cosas que quise abarcar y compaginar sin ser consciente de que me estaban quitando la energía poquito a poquito. Soy una persona muy exigente conmigo misma y si me involucro en algo (unas prácticas, un trabajo, etc.) no me gusta hacerlo mal o dejarlo a medias. Por eso, después de varios meses al límite en todos los sentidos, entre abril y mayo el estrés pudo conmigo y finalmente exploté (literalmente, además xD).

En aquel momento mi mundo entero se paralizó y tuve que dejar de lado todo lo que estaba haciendo para centrarme en algo tan sencillo y habitual como es respirar. Aún me recuerdo haciendo el Trabajo de Fin de Grado sentada en la cama del hospital y escribiendo despacio porque la vía de la mano derecha me molestaba horrores. ¡Qué tiempos! Y es que, lo creáis o no, ahora vuelvo la vista atrás y sonrío al pensar que ya ha pasado todo y que lo que se me hacía un mundo hace un año, ahora ya es agua pasada.

Con el diagnóstico casi claro de endometriosis pulmonar (que finalmente NO ha resultado ser, pero que en un principio y después de descartar todas las posibles causas infecciosas, era la que más papeletas tenía), me animé a empezar los trámites para la operación en la que me extraerían los dichosos nódulos. La verdad es que al principio fue un poco duro, porque excepto en el momento de la hemoptisis y el derrame pleural de mayo de 2016, yo me he encontrado perfectamente siempre. Y, claro, pensar en meterte en una operación voluntariamente que, supuestamente, va a hacer que te sientas mal otra vez hasta que te recuperes, no hace mucha gracia. Tampoco hace mucha gracia que tu cirujana sea extremadamente explícita, porque por una parte me gusta saber qué me van a hacer, pero por otra también me da un poco de agobio que me digan que me van a quitar un trozo bastante grande de pulmón y me expliquen cómo funciona lo que utilizan para cortar y coser a la vez. Eso es así. Aún así, me animé por un motivo claro: ponerle punto y final a esta historia. Como ya he dicho, si de algo he acabado harta no ha sido de ir y volver a Madrid (que un poquito también), sino de no saber si lo que pasó en mayo podía repetirse y de vivir con miedo a que lo hiciera.

A eso se le suma el no haber podido hacer planes a “largo” (1-2 meses) plazo. Las actividades de mi último año las he ido programando en función de las citas para pruebas y consultas con médicos. No saber cuándo me iban a operar, si me iban a cambiar la cita para el TAC/resonancia/broncoscopia, si iba a tener que tomar medicación “por si las moscas” un mes más o no…

Desde junio de 2016 he estado enviando solicitudes de Servicio de Voluntariado Europeo y cursos Erasmus +. Por el momento he conseguido ir a dos Youth Exchanges, pero no sin antes hacerme un seguro médico para el viaje, comprobar qué hospitales había cerca de donde iba a tener lugar el intercambio y tener el miedo en el cuerpo de “y si me vuelve a pasar, ¿qué hago?”. Desde que empecé a mandar solicitudes, cuatro asociaciones han llegado a contactar conmigo, interesadas en mi perfil, para acogerme como voluntaria. Con la primera llegué a la fase de la entrevista y finalmente escogieron a otro participante. Las dos siguientes las tuve que rechazar, porque empezaban en marzo y yo aún no sabía si por aquel entonces me habrían operado o no. Una en concreto fue muy insistente, consideraban que mi solicitud destacaba de entre las demás y estaban muy interesados en mí. ¿Sabéis lo duro que es tener que decir que no a un proyecto que te entusiasma? Y no por dolor, o molestias, o incapacidad. Si no por la eterna duda de qué va a pasar los próximos meses.

Por todo esto considero que la cirugía ha sido un proceso de sanación y de cierre/clausura de este periodo de tanta incertidumbre. ¿Cómo irá todo? ¿Me harán toracoscopia o cirugía más agresiva? ¿Me recuperaré rápido? ¿Podré disfrutar del verano? ¿Dolerá mucho? ¿Cuánto tiempo estaré ingresada? ¿Estaré bien en septiembre cuando me vaya a Milán? ¿Me cansaré durante el primer mes de dar sólo apenas unos pasos?

Ahora mismo todas esas dudas ya no existen. Me encuentro TAN bien que hasta yo misma me sorprendo. No hacía ni una semana de la operación cuando escribí algunas de estas líneas, y a ratos se me olvidaba que estoy operada, que tengo un trozo de pulmón menos. No me duele al respirar, la cicatriz es mínima comparada con lo que me esperaba que fuera a ser, tengo muchísima vitalidad y fuerza. Llevo desde el 13 de junio sin parar de sonreír y no hay palabras para agradecer tanto a tanta gente. A los increíbles profesionales médicos que me he ido encontrando por el camino, en especial al equipazo de la planta de cirugía torácica del Hospital 12 de Octubre por lo geniales que fueron conmigo durante los días de ingreso. A mi familia por estar conmigo durante todo el proceso. A todas esas personas que estuvieron pensando en mí (y siguen haciéndolo) y deseando que todo fuera genial, cada uno a su manera.

Considero que hasta de lo malo hay que saber sacar una enseñanza o aprendizaje y de esta experiencia me llevo muchas cosas positivas.

Me ha servido para darme cuenta de que importo a mucha más gente de la que pensaba, y que cada una de esas personas tiene su particular forma de enviar “buena energía” para que todo vaya bien. Me encanta pensar que cuando quieres a alguien el método que emplees para transmitir ese cariño se vuelve algo secundario, ya que sólo es una forma de canalizar esa energía. A mí, personalmente, me da igual que sea poniendo una vela, meditando, enviando un mensaje de texto, rezando o recitando un mantra. Lo que realmente me importa es la intención, es el saber que muchas personas han estado ahí para mí cuando lo he necesitado, y estoy segura de que ese ha sido uno de los motivos por los que me he recuperado tan rápido y todo ha ido tan bien.

Además, no todo lo que me ha pasado ha sido “malo” en este “año sabático”. Gracias al hecho de no haber podido ponerme a trabajar, he podido dedicar tiempo a la búsqueda del voluntariado perfecto, a estudiar cursos online, hacer manualidades, aprender recetas, hacer ejercicio e incluso a hacer cosas que no tenía para nada pensadas, como participar en Youth Exchanges de Erasmus+, en el Douzelage o en el programa de televisión Ahora Caigo.

¡Otra cosa buena!: He perdido el miedo a las agujas (más o menos). Y como para no… Suerte que los pinchazos no dejan cicatriz, porque si no a las dos del costado habría que añadir unos 30 o 40 puntitos en ambos brazos… Lo bueno de esto es que tengo claríiisimo que en cuanto pueda voy a donar sangre, ya que es algo que siempre he querido hacer pero que a la vez me daba algo de miedito (entendedme, alguna vez me he llegado a marear con un análisis de nada…). Ahora ese miedo no es que no esté, sino que ha pasado a ser algo secundario.

También he aprendido a dejarme cuidar y a saber parar y respirar (nunca mejor dicho) cuando toca. A relajarme y a no tratar de abarcar más de lo que en realidad puedo. Pero, sobre todo, a tener claro que la salud es lo primero. Que suspender un examen, no encontrar trabajo o que te decepcionen o te “rompan el corazón”, es absolutamente secundario cuando la salud no está al 100%. Además, cada día estoy más convencida de que tenemos un gran poder sobre nuestro propio cuerpo, tanto para bien como para mal, por lo que es importante ser consciente de dicho poder para saber gestionarlo. La actitud frente a los problemas, tanto de salud como de cualquier otro ámbito, es clave para poder salir adelante, y eso es algo que no se me va a olvidar nunca.

Y lo más importante: he aprendido a quererme. A querer mi cuerpo con todas mis fuerzas. He descubierto que mi cuerpo es MA-RA-VI-LLO-SO, que tiene una capacidad de auto-curación y recuperación BRUTAL, que es más fuerte de lo que puede parecer y que tengo que cuidarlo todo lo posible. Si de algo ha servido todo este proceso es para quererme y cuidarme aún más de lo que ya lo hacía antes y saber a apreciar los momentos en los que me encuentro al 100%.

Como ya he dicho, no todo este último año ha sido malo y, viéndolo en perspectiva, me atrevería a decir que la mayoría de las cosas que me han pasado han sido buenas. Necesitaba estos meses de “descanso” para darme cuenta de lo que es realmente importante y saber cómo encaminar mi vida. Ahora, con este capítulo ya cerrado, sólo me queda mirar hacia delante, respirar hondo y pensar en todo lo bueno que está por llegar.

Mil gracias por dedicar unos minutos de tu vida a leerme ❤

(*)También quiero dejar claro que NO he dado el nombre de algunos de los hospitales, ni de los médicos ni de los medicamentos o tratamientos que he seguido porque no quiero dar pie a posibles confusiones. Aunque agradezco enormemente la labor de la mayoría de los profesionales que se han cruzado en mi camino, no quiero que se cree una imagen positiva o negativa de X hospital/médico en función de mi caso concreto. La medicina no es una ciencia exacta al 100%, los médicos son humanos y porque conmigo no haya podido funcionar X tratamiento o hayan dado con algún que otro diagnóstico erróneo, no quiere decir que no sepan actuar perfectamente o que no hayan seguido los protocolos establecidos. Además, considero que lo que a mí me funciona no tiene por qué funcionar a otros, y a la inversa, y que cada uno debería consultar con su correspondiente especialista a la hora de seguir un tratamiento, evitando así la automedicación. Cada cuerpo es un mundo. Así que esta es solamente mi historia y todo lo que hay en ella NO es extrapolable a otros casos.

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