Mi experiencia viajando en el tiempo: Pompeya

Qué impresionante es Pompeya.

Debo decir que no tiene nada que ver con lo que esperaba encontrarme. También debo admitir que no busqué mucha información antes del viaje, así que es normal.

El caso es que yo iba con la idea morbosa de encontrarme los restos chamuscados de una ciudad y de sus habitantes… Y nada que ver. Lo que me sentí al entrar (a parte de la rabia de enterarme de que al día siguiente era gratis, sí, maravilloso) fue como un viaje en el tiempo. Me sentí teletransportada al siglo I. Comencé a caminar por sus calles, entré en el anfiteatro, en sus casas, en sus termas. Y aluciné. Porque resulta increíble que se haya mantenido todo tan increíblemente bien. Y es que el tema de la erupción del Vesuvio queda tan en segundo plano que sólo caes en la cuenta al ver trozos de arena negra en algunas zonas. Lo dicho, el tema de los “cuerpos” (que realmente son moldes de yeso hechos a partir de la forma que los cuerpos originales dejaron al quedar cubiertos por la lava) es totalmente secundario. Aluciné al ver los frescos en las paredes, al imaginar las vidas de los que vivían allí, en sus casitas (casoplones) de vacaciones. Las fuentes con los mosaicos intactos, los jarrones, los utensilios de la vida cotidiana… Todo es tan real que parece falso. ¿Se me entiende?

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Es una visita que recomiendo al 100% a quien esté por la zona de Nápoles. Se ve en una mañana y, de verdad, merece muchísimo la pena. El primer domingo de mes es gratis, por cierto. Y parece que estuve hace años, pero fue hace apenas mes y medio. Qué extraño resulta el paso del tiempo cuando haces mil cosas en un periodo tan corto. Ojalá el SVE durara para siempre ❤

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Mi experiencia con Flixbus

Tal y como comenté en mi post sobre mi aventura navideña por el sur de Italia, hoy traigo un resumen de lo que fue mi experiencia con la compañía de autobuses Flixbus. Antes de viajar con ella busqué información en Internet y pregunté a mis conocidos y la verdad es que recibí todo tipo de críticas. Muchas de ellas malas, la verdad. Así que quizá eso ya me puso en situación de “alerta” frente a lo que podía pasarme. Sin embargo, en general mi experiencia ha sido muy buena y por eso he considerado que era necesario aportar mi granito de arena a todas esas voces que hay por Internet hablando del tema.

Para empezar, compré los billetes con Flixbus porque fue, después de haber comparado todas las opciones posibles, la opción más barata y cómoda que había para viajar al sur de Italia en Navidad. Resulta que hay muchísima gente del sur viviendo en el norte y la Navidad es una época en la que “toca volver a casa”. ¿Qué pasa? Que los precios de los transportes suben una barbaridad. Pero en serio, no os hacéis una idea. De normal, Milán – Bari en avión se puede encontrar por menos de 30€ ida y vuelta. En la semana de Navidad costaba alrededor de 300€. Y así con todo el sur. Una locura. Casi me da algo de tanto buscar, pero por fin me decidí a comprar con Flixbus a pesar de las malas críticas.

En un principio compré Milán-Matera (con transbordo de media hora en Bolonia) y Bari-Milán. Un par de días después de la compra un compañero de la oficina me comentó que una vez tardó seis horas en hacer el trayecto Milán-Bolonia con Flixbus porque el conductor decidió no ir por la autopista o nosequé rollo. Imaginad mi cara. Yo que estaba toda contenta porque “sólo” tenía media hora de “escala” me vi de repente a las 23:30 en Nochebuena en Bolonia habiendo perdido el bus y sin tener a dónde ir. PÁNICO. Así que busqué si existía la posibilidad de cambiar el billete y, efectivamente, se podía. Para cambiar un billete ya comprado en Flixbus tienes que anular el actual y, a cambio, recibes un bono equivalente a la misma cantidad que gastaste (si no recuerdo mal, se paga 1€ por el cambio a modo de tasa) para gastar en otro viaje. Yo ahí hice el cambio de un billete a dos, de forma que llegaba a Bolonia por la tarde con tiempo de sobra en caso de retraso.

El bus a Bolonia lo cogí en Milán San Donato y, menos mal que el chico que había en la cafetería fue majísimo y me indicó dónde solían parar los buses de Flixbus, porque aquello tenía mil paradas de bus y no había ni un solo cartel que explicase cada parada ni ningún punto de información abierto (aclarar que era 24 de diciembre y domingo).
El bus llegó justo donde me habían indicado (donde había una pegatina mal pegada, verde y donde se intuía “flixbus”). Fue muy puntual a venir, llegó incluso antes de tiempo. ¡Ah! Y había enchufes (tipo USB) en el asiento y espacio de sobra para las piernas, cosa que agradezco millones, aunque fuera a ser un trayecto corto. La llegada a Bolonia también fue super puntual y el conductor majísimo, deseando “Feliz Navidad” a todo el mundo al bajar. Ahora bien, cuando compras un billete de Flixbus se genera un archivo pdf para imprimir a modo de “etiqueta” para la maleta (también porque se supone que sólo puedes meter un bulto en el maletero sin pagar de más). El caso es que no hubo ningún tipo de control, el conductor ni siquiera nos miró al meter o sacar las maletas del maletero.

Después de pasar la Nochebuena más rara de mi vida paseando por Bolonia, haciendo tiempo en un café 24h que daba un poco de mal rollo y cenando un wrap y gazpacho en botella de plástico (que me hacía ilusión, oye) en la estación de buses de Bolonia, cogí el segundo bus. Este también fue super puntual al llegar a Bolonia PERO NO TENÍA ENCHUFES. Menos mal que tenía la batería portátil para poder cargar el teléfono después de todo el día fuera de casa. Lo que sí tenía era asientos super reclinables (imprescindibles para pasar 9 horas de noche en un bus) y un baño relativamente limpio.
Por suerte no se me sentó nadie al lado, pero por desgracia delante se me sentaron dos y los dos se reclinaron, así que me costó acomodar las piernas (y no es que sea una quisquillosa, pero probad a medir 1,80m y a encajar las piernas en el hueco entre asientos de un autobús/avión…). Parece ser que había una norma no escrita que todos respetábamos que consistía en que nos sentábamos alternando los asientos de forma que uno se sentaba a la izquierda, otro a la derecha, y así para no molestar al reclinar el asiento. Pues bien, los de delante pasaron olímpicamente pero, por suerte, conseguí dormir bastante bien a pesar de todo. Llegamos a tiempo a Matera, justo a las nueve menos cuarto de la mañana, pero me dejó bien lejos del centro. ¡Menos mal que vino mi amiga en coche a por mí!

Después de una semana maravillosa con mi amiga y su familia, me tocaba volver a casa en Milán. Lo que pasa es que unas semanas antes hice otro cambio en el billete. Como plan casi de última hora me surgió el pasar la Nochevieja en Bolonia, así que mi primera opción fue “bueno, como el bus a Milán parará en Bolonia, me bajo y ya”. Luego miré en las condiciones de Flixbus y estaba escrito que estaba prohibido bajarse antes o después de la estación escrita en el billete. Aún así, pensé, con el poco control que llevaban en los dos anteriores, no creo que vaya a pasar nada. PERO, por si acaso y porque yo soy muy gafe, decidí cambiarlo a Bari-Bolonia en vez de Bari-Milán. Y MENOS MAL. En nada os cuento por qué, pero primero hablemos de la “””estación””” de autobuses de Bari.

La estación de autobuses de Bari es un auténtico caos, si es que se la puede llamar así. Es una avenida MUY concurrida y con una acera bastante penosa en la que paran los autobuses a diferentes alturas (por supuesto, no están señalizadas las paradas así que tienes que adivinar dónde parará el tuyo). Una vez el bus para, la gente que baja o sube tiene que sortear los coches que siguen pasando para poder coger/dejar la maleta en el maletero. Además, cuando cogí el bus era de noche y llovía, así que la situación era aún más caótica.
Por si fuera poco, unas horas antes de coger el bus me enviaron un sms (y un correo a una cuenta que no tengo vinculada en el móvil, fallo mío) indicando que cogiera el bus con el cartel “A”. Hasta ahí todo guay, si eso fuera una estación de verdad donde sabes dónde va a parar tu bus. Pero no era el caso. Así que allí me fui yo a esperar bajo la lluvia en mitad de la calle y de noche a que llegara mi bus. Y llegaron un montón. De Flixbus y de MarinoBus. Llegó incluso el de la letra “B” y, tras preguntar varias veces (menos mal que había empleados de Flixbus allí organizando un poco el caos), me dijeron que el “A” llegaría pronto y, efectivamente, llegó con unos 20 minutos de retraso. Y ahora es cuando llega la parte del MENOS MAL QUE CAMBIÉ EL BILLETE. Si no lo hubiera hecho, me habría tocado entrar en el bus B. Un bus que iba DIRECTO a Milán, sin parar en Bolonia. Por lo que mi plan de bajarme a mitad de trayecto no habría sido factible y habría amanecido en Milán.

Sin embargo, los del bus “A” hicimos varias paradas antes de Bolonia y el bus (de dos plantas) se fue llenando poco a poco hasta que se ocuparon todos los asientos menos el de mi lado y el de al lado de otra chica. ¡Menos mal! Mi trabajo de ocupar el asiento con mochila+chaquetón+mi propio cuerpo y hacerme la dormida e incluso ponerme el antifaz, tuvo su recompensa 🙂
En este bus también me tocó pasar la noche peeero sí que tenía enchufes (tanto de USB como normal) y aunque de vez en cuando se desconectaban, al final conseguí cargar tanto el móvil como la batería portátil. Llegamos a tiempo a Bolonia (alrededor de las 5:25 de la mañana) y en este caso sí que hubo control en las maletas tanto al dejarlas como al cogerlas. Las colocaron en el maletero en función de las diferentes paradas y luego las fueron sacando preguntando una a una de quién eran (aunque, por supuesto, sin comprobar que quien la cogía era realmente el dueño, cosa que siempre me ha dado un poquito de ansiedad, y yo sé que no soy la única… #paranoiadelamaleta).

Conclusiones:
– Habría estado bien que me hubieran notificado también a través de la app lo del bus “A” y bus “B”, pero por suerte no fue sólo por mail sino también vía sms.
– La página web de Flixbus es super intuitiva y fácil de usar, al igual que el proceso de cancelación/uso del bono.
– El bono que te dan cuando cancelas un billete es válido durante el próximo año, si no recuerdo mal. Así que, aunque yo lo usé al momento, no viene mal saber que lo puedes usar si eres un cliente relativamente habitual de la compañía (Italia está muy bien conectada, en parte gracias a Flixbus, así que no descarto volver a viajar con ellos).
– Control 0 en temas de maletas, pero vamos, como en cualquier otra compañía.
– Hay buses mejores y peores, más cómodos, con enchufes o sin, etc. Pero en general bastante bien (pero, sigo diciendo, que para mí lo de los enchufes y lo del espacio es esencial).
– Precio inmejorable (fui y volví de norte a sur por unos 70€ en plena Navidad, con los precios de todo lo demás por las nubes).
– Puntualidad total, excepto el último bus, aunque no se retrasó ni media hora.

Natale al sud: una navidad diferente

Y no, esto no es una reseña de la película que hace poco descubrí que existe con este mismo nombre. En este post vengo a contar la experiencia de mi ruta por el sur de Italia en plena Navidad 🙂

Pero, antes de que se me olvide, tengo que decir que por fin puedo tachar una de las cosas de la lista “Tanto por hacer” que llevaba tanto tiempo queriendo cumplir. Y esa cosa es… ¡la número 26!
Sí, después de seis años y medio me he reencontrado con una de las amigas que hice en Brighton, con la que he seguido en contacto desde entonces y a quien aprecio muchísimo. Es más, sin ella no habría podido hacer esta ruta sureña de la que vengo a hablaros. Ella es Grazia (o Grace, que es como prefiere que la llamen) y fue mi monitora durante el curso de inglés en Brighton que hice en el verano de 2011. De ella volveré a hablaros pronto en otro post, porque también tiene un blog y ha escrito un libro maravilloso y considero que todo el mundo debería conocerlo.
Como ya he comentado, hemos seguido en contacto estos años y cuando se enteró de que no tenía ningún plan concreto para la Navidad (a parte de saber seguro que no quería pasarla en casa -este año se trata de vivir nuevas experiencias-), no dudó en invitarme a su casa en Basilicata para “celebrar una auténtica Navidad italiana en el sur”. Así que me armé de valor y, tras una búsqueda intensiva de todos los medios de transporte existentes, compré billetes para pasar NUEVE horazas en bus Milán-Bolonia-Matera (y otras 9 Bari-Bolonia-Milán). También de este tema os hablaré en un post que llegará pronto, porque he visto muchas opiniones sobre la compañía con la que viajé (Flixbus) y me gustaría compartir por aquí la mía.

Pero volviendo al tema principal de este post: ¡qué bien me lo he pasado!
De verdad que considero super necesario hacer este tipo de cosas en la vida. Salir de la zona de confort, hacer algo que no tenía ni por asomo pensado, reencontrarme con amigos geniales que hice hace tiempo, conocer sitios nuevos, integrarme en una familia hasta el momento desconocida…
Debo decir que desde el segundo 1 me sentí increíblemente acogida. Mi amiga y su padre hicieron el esfuerzo de venir a buscarme la mañana del día de Navidad a las 9 de la mañana a Matera y, por si no fuera suficiente con eso, me hicieron un tour por el casco antiguo de la ciudad. ¿Pueden ser más geniales? ❤
Después, la llegada a casa y la comida de Navidad con toda la familia fue incluso mejor. Qué simpáticos todos, qué buenísima la comida (y cuánta… no exageraban cuando me decían en Milán que se vuelve del sur pesando unos cuantos kilos más), qué ambiente más agradable. Imagino que para ellos también sería interesante/curiosa la situación de tener a una españolita desconocida, hablando un italiano bastante básico, en su comida familiar de Navidad.
Debo decir que una de las cosas más curiosas fue el hecho de que prácticamente todos hablaban en dialecto. ¿Qué quiere decir eso? Que me costaba la viiiida entenderles por mucho que me esforzase. Eso creó varias situaciones divertidas en las que algún miembro de la familia se dedicaba a traducirme en italiano lo que iban diciendo los demás. El caso es que, como ya comenté en otro post, yo sabía que existen diferentes dialectos en Italia, pero nunca había escuchado hablar en ellos hasta ese momento. De verdad, ¡qué situación más divertida! Había momentos en los que os juro que parecía que estuvieran hablando en otro idioma.

Como he dicho, me sentí super acogida por toda la familia de mi amiga (padres, hermano, primos, tíos/as, abuelo/as) y aunque eso, por supuesto, me produjo un sentimiento de felicidad total, después, al procesarlo, me sentí algo triste. Me explico: eché mucho de menos a mis propios abuelos. Muchísimo. Estar con los abuelos de mi amiga y ver su relación con sus nietos e incluso conmigo me hacía muy feliz y a la vez muy triste. Porque daría lo que fuera por poder estar con los míos de nuevo, aunque sólo fuera por unas horas. Y, sinceramente, a veces me da envidia ver que hay quien con más de 30 años todavía tiene abuelos, e incluso con buena salud, mientras que a mí no me llegaron a ver siquiera cumplir los 18. Porque para mí, cuando ellos estaban, la Navidad tenía un poquito más de sentido.

El caso es que, en resumen, me sentí super a gusto, comí por los que no comieron (de verdad, a un nivel exagerado y delicioso: focaccia casera -de las del sur, que son como pizzas con base de focaccia-, lasaña, carne de caballo de Bernalda, por supuesto quesos y embutidos a tutiplén, orecchiete, troffie con salame picante y alcachofas que tengo que probar a hacer porque estaba buenísimo, ricotta con amaro siciliano a modo de postre, bizcochos caseros, pastelitos dulces rellenos de crema de Alberobello, verduras, etc.), conocí a gente maravillosa y tuve la sensación de inmersión total en Italia. Para poner un ejemplo, ¿habéis visto la película “Bienvenidos al sur”? ¿Recordáis la escena en la que el protagonista entra en diferentes casas y en todas y cada una de ellas le ofrecen café, sea la hora que sea? Pues algo así nos ocurrió la última mañana que dedicamos a saludar a todos los parientes de mi amiga. Me encantó, será todo un estereotipo, pero se cumple. Y menos mal que no acepté todos los cafés porque me habría dado un ataque de la taquicardia que me dan 😀

Pero no todo fue conocer gente guay y comer. También tuve la oportunidad de visitar sitios que no habría visitado de no haber sido por la generosidad de mi amiga al invitarme. Juntas visitamos Matera, le Tavole Palatine (Metaponto), Policoro (que es donde me quedé toda la semana), Alberobello, Bernalda, puedo incluso decir que estuve en Calabria porque fuimos a un bar en Rocca Imperiale (no me digáis que no es un nombre GENIAL para un pueblo) y Bari.

En primer lugar, Matera es preciosa. Ha sido elegida como sede italiana de la Capital Europea de la Cultura 2019, y no es para menos. Concretamente la zona más bonita es la conocida como los “sassi”, que son casas excavadas en la roca, ya que la ciudad antigua creció en altura en una ladera del barranco que hay junto al río. En definitiva, es una pasada. Todo tiene un toque beige que te transporta a otra época y parece ser que justo por eso se ha utilizado varias veces en películas sobre tiempos bíblicos como escenario para representar la antigua Jerusalén.

Matera

Le Tavole Palatine nos pillaban de paso entre Matera y Policoro y, aunque yo desconocía su existencia hasta que nos paramos a hacer la visita, me quedé maravillada. Reconozco que la historia no es ni nunca ha sido mi fuerte. Así que para mí fue un “shock” ver restos de un templo griego tan enorme y tan bien conservados ahí, en mitad de la carretera, en Italia. Parece ser que en su momento fue un templo construido en estilo dórico en 530 a.C. donde se rendía culto a la diosa Hera. ¿No es alucinante? Este tipo de sitios me parece que conservan una energía super intensa y me ayudan a visualizar todo aquello estudiado en las clases de historia del instituto. Ahora bien, por si no fuera suficiente con esto, ¡lo mejor vino cuando descubrí que los policoreses son descendientes de los mismísimos troyanos! Gracias a todo lo que nos explicaron en el Museo archeologico nazionale della Siritide (que se encuentra en Policoro) descubrí gran parte de la historia de la costa sur italiana y aprendí cómo era la vida de los habitantes de Siris y de la posterior Heraclea. Vamos, que Grecia me imagino que debe de estar muy bien, pero no es necesario ir hasta allí para ver templos y ruinas griegas.

TAVOLE PALATINE 2 TAVOLE PALATINE 1

En cuanto a Alberobello, fuimos a visitarla una mañana y también me dejó sorprendidísima. Se trata de una ciudad cuyo centro histórico está lleno de “trulli”. Un trullo es, como se ve en la fotografía, una casa hecha de piedra con un tejado en forma de cono. Ya conforme nos íbamos acercando a la zona empezamos a ver algún que otro trullo solito en mitad del campo, pero lo que hay en el casco antiguo es todo un enjambre de trulli. En la actualidad algunos están habitados y otros han sido transformados en tiendas y cafeterías, así que pudimos entrar a algunos para imaginar cómo era el interior antiguamente. Nos contaron que en la parte central, la del cono, a veces colocaban un falso segundo piso hecho con madera, para aprovechar el espacio y el calor que subía hasta la parte alta del techo. Además, muchos de ellos tienen símbolos dibujados sobre la piedra (se intuye que a modo de protección) cuyas temáticas son muy variadas. Hay desde símbolos paganos primitivos, pasando por elementos cristianos, por otros “mágicos” o basados en supersticiones y horóscopos, hasta referentes a la mitología griega o romana. Una visita recomendadísima si se está por la zona (pilla muy cerquita de Bari, además).

ALBEROBELLO

En Bernalda estuvimos sólo un par de horas para visitar a un antiguo profesor de mi amiga, pero aprovechamos para ir a la cafetería que se encuentra en la parte baja del edificio comprado por Francis Ford Coppola, cuya familia era originaria de esta ciudad. Además, descubrimos que su hija se casó en ese mismo edificio y que él mismo vuelve cada cierto tiempo a la ciudad, donde muchos le conocen a nivel personal y no sólo como director de cine.

Por último, mi parada final de esta ruta sureña fue Bari. El día 29 me despedí de tooooda la familia de mi amiga y cogí un bus Policoro-Bari, que es desde donde salía mi bus de nueve horitas en dirección Bolonia. Entre el cansancio que arrastraba conmigo y la maleta, tampoco me recorrí mucho la ciudad, pero sí tuve tiempo de ver el Lungomare (lo que en español vendría siendo un paseo marítimo), parte del casco antiguo, la basílica de San Nicolás (que me IMPACTÓ con los frescos del techo), la catedral y, principalmente, la estación de tren (de la “estación” de autobuses ya os hablaré en el post sobre Flixbus porque telita…). ¿Mi conclusión al visitar la ciudad? Es muy parecida a algunas ciudades españolas. Es más, me sentí como si ya hubiera estado allí antes, como si estuviera en Alicante, por ejemplo. Fue una sensación muy curiosa.

BARI

Y, ¡eso fue todo! Quien sea que dijera eso de que para que el tiempo se alargue no hay más que hacer cosas nuevas por primera vez, tenía toda la razón del mundo. Pasé entre Basilicata y Puglia sólo 5 días, ¡pero la sensación fue de haber estado allí dos semanas! Es curioso como, cuando lo estás pasando bien, el tiempo pasa rapidísimo, pero cuando lo miras de lejos se expande y parece mayor de lo que realmente era.

En definitiva, no me arrepiento para nada de no haber vuelto a casa por Navidad. A fin de cuentas, a mí la Navidad como tal me da un poco igual. A mi familia la vi tanto antes como después, y así tuve una oportunidad única y genial de vivir unas vacaciones diferentes. Esta Navidad, mi regalo ha sido ese. Una experiencia maravillosa más que me llevo conmigo ❤

Mi experiencia en “Harry Potter: The Exhibition” en Madrid

Casualidades de la vida me llevaron a estar en Madrid uno de los días en los que tenía lugar la exposición de Harry Potter así que allí que me planté, ¡con maleta incluida!
Esta experiencia me ha dejado con muy buen sabor de boca, como buena fan de Harry Potter que soy. Pero igual por eso de ser tan fan también soy muy exigente, así que también ha habido muchas cosas que no me han terminado de convencer…


Pero antes de nada, como siempre, explicación. ¿Qué es “Harry Potter, the exhibition”?
Tal y como dice su página web: “Es una exposición itinerante de más de 1.400 metros cuadrados, donde los visitantes podrán admirar en primera persona cientos de objetos y artefactos utilizados en las películas de Harry Potter, disfrutar de los escenarios inspirados en los decorados de la filmografía, y sorprenderse con el increíble trabajo manual y artístico que se esconde tras el vestuario, el atrezo y las criaturas fantásticas originales de la película.La exposición incluye algunas de las localizaciones más populares de las películas, incluyendo la sala común y el dormitorio de Gryffindor™, aulas como la de Pociones o Herbología, y el Bosque Prohibido. Estos escenarios contienen cientos de objetos de atrezo, trajes y criaturas fantásticas que fueron utilizados durante el rodaje de la icónica serie”.

Vamos, ¡que no me la podía perder!

¡Alerta SPOILERS! Si quieres ir a la exposición y no quieres que te desvele nada, ve a leer otro post del blog y deja este para más adelante 🙂

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Mi experiencia en la Gorilla Gallery de Lush en Milán

Que soy una gran fan de la marca de cosmética Lush es algo que me resultaría difícil de ocultar. No hay más que ver el cajón donde guardo las cosas de baño y algunos de los posts que hay en el blog sobre la marca. Y mi afición a sus productos la descubre también cualquiera que entre conmigo a una de sus tiendas (aquí en Milán hay UN MONTÓN y va a acabar suponiendo mi ruina), ya que aprovecho la ocasión para explicar cómo funcionan los champús sólidos, las ventajas de los geles en formato naked, lo divertidas que son las gelatinas de baño… Vamos, que ejerzo el puesto de dependienta pero en vez de cobrar, ¡pagando! Peeeero resulta que aún me quedaba un gran desconocido por descubrir dentro de la gran familia Lush: los perfumes Gorilla.

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Analizando anuncios navideños de 2017

¡La Navidad ha llegado a Experta En No Serlo… en forma de análisis de anuncios!

Venga va, lo admito. La Navidad no es de mis cosas favoritas en esta vida. Como tradición a nivel religioso no me dice absolutamente nada, pero reconozco que me gusta ver todas y cada una de las manifestaciones navideñas que hay. Incluso ver cómo se vive en diferentes países, como ya tuve la oportunidad de vivir en el caso de la Pascua en Praga.
Peeero, volviendo al tema de mis cosas favoritas, la (buena) publicidad sí lo es. Por lo tanto, los anuncios de temática navideña me producen siempre mucha curiosidad. Hay algunos que me han llegado a emocionar a pesar de ser un poco Grinch, algunos que me han parecido muuuuy falsos y/o ñoños y otros, que han sabido interpretar la Navidad de una forma distinta a la de “juntarnos en familia, comer y darnos regalos”, me han parecido realmente guays.
El caso es que este año la época navideña me ha pillado en Milán y sin televisión, así que todas las referencias a los anuncios españoles que he tenido ha sido a través de redes sociales. ¿Solución? Este fin de semana me he puesto manos a la obra, he hecho una lista de los anuncios navideños de este año y… ahora sí que tengo una base sobre la que juzgar 😀

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